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Viajar después de los 60: seguridad, autonomía y nuevas prioridades

Viajar después de los 60 no significa necesariamente viajar menos. Puede significar hacerlo de otra manera: con más experiencia, quizá con más tiempo disponible y también con una percepción diferente de aquello que necesitamos para sentirnos cómodos lejos de casa.

Unos datos recientes sobre seguros de viaje ofrecen una pista interesante. Según el I Barómetro del viajero de Intermundial, recogido por Geriatricarea, los viajeros mayores de 60 años conceden especial importancia a la asistencia sanitaria y a la repatriación cuando contratan un seguro.

El 74% considera muy importante disponer de atención médica durante el viaje y el 61,3% señala la repatriación como una cobertura esencial. Además, un 46,4% manifiesta preocupación ante la posibilidad de enfermar o sufrir un accidente durante el desplazamiento, frente al 39,3% del conjunto de viajeros.

Podríamos interpretar esos datos simplemente como una mayor preocupación por la salud. Pero quizá cuentan algo más interesante sobre cómo cambian nuestras prioridades cuando seguimos viajando a medida que cumplimos años.

Más seguridad para poder seguir viajando

Existe una forma demasiado sencilla de interpretar la relación entre edad y viaje: cuantos más años cumplimos, más prudentes nos volvemos y menos dispuestos estamos a asumir riesgos.

La realidad puede ser bastante más compleja.

Preocuparse por disponer de asistencia médica en destino no significa necesariamente tener miedo a viajar. Puede significar precisamente lo contrario: conocer mejor nuestras necesidades y tomar algunas precauciones para que un imprevisto no condicione toda la experiencia.

Lo mismo ocurre con la seguridad del destino, que el barómetro identifica como un factor relevante para una parte de los viajeros mayores de 60 años, junto con la facilidad de transporte y las conexiones.

La seguridad no tiene por qué ser lo contrario de la aventura. A veces es precisamente lo que permite seguir teniéndola.

Esta manera de viajar tiene bastante que ver con la autonomía. Elegir un destino accesible, conocer las posibilidades de asistencia, disponer de buenas conexiones o contratar determinadas coberturas puede ampliar las opciones en lugar de reducirlas. Es la misma relación entre autonomía y seguridad que aparece cuando nos preguntamos hasta cuándo y en qué condiciones queremos seguir conduciendo.

No se trata de organizar cada desplazamiento alrededor de lo que podría salir mal. Se trata de evitar que una preocupación razonable nos impida hacer aquello que queremos hacer.

Otra forma de elegir destinos y experiencias

Los datos del barómetro dibujan también algunas preferencias. Los mayores de 60 años viajan principalmente en pareja y dentro de España, y los destinos urbanos tienen una presencia significativa: son la opción preferida para escapadas nacionales por un 21,8% de los encuestados de este grupo.

No conviene convertir esos porcentajes en un retrato universal del llamado viajero sénior. Tener más de 60 años dice muy poco, por sí solo, sobre cómo queremos pasar unas vacaciones. Hay quien busca una ciudad, quien prefiere naturaleza, quien quiere cruzar medio mundo y quien disfruta regresando cada año al mismo lugar.

Pero sí podemos reconocer algunos cambios que acompañan a muchas trayectorias vitales.

Después de décadas viajando, la novedad puede dejar de ser el único criterio. La comodidad ya no tiene por qué entenderse como falta de curiosidad. Un buen alojamiento, transportes sencillos, horarios razonables, servicios próximos o la posibilidad de modificar los planes pueden adquirir más importancia.

También cambia el tiempo. Para algunas personas, la jubilación permite viajar fuera de temporada, permanecer más días en un destino o evitar las semanas de mayor ocupación. Eso abre posibilidades que el turismo tradicional, concentrado en vacaciones laborales y escolares, no siempre contempla.

Y puede cambiar incluso la motivación. Viajar no tiene por qué consistir en acumular lugares visitados. Gastronomía, patrimonio, cultura, naturaleza, aprendizaje, relaciones familiares o simplemente disponer de tiempo en otro entorno pueden pesar más que la necesidad de completar una lista de destinos.


El turismo también tendrá que entender la longevidad

Estos cambios no afectan únicamente a quienes viajan. También plantean preguntas para el sector turístico.

Una población que vive más años y mantiene capacidad, interés y recursos para viajar durante más tiempo constituye un mercado importante. Pero reducirlo a paquetes para mayores o descuentos asociados a la edad sería entender solo una parte de la transformación.

El reto está en ofrecer más posibilidades de elección: información clara, flexibilidad, buenos transportes, atención sanitaria cuando sea necesaria, accesibilidad que no resulte estigmatizante y servicios capaces de adaptarse a personas con situaciones muy diferentes.

También los seguros de viaje forman parte de esa evolución. Que los mayores de 60 años presten especial atención a la asistencia médica y la repatriación no debería interpretarse únicamente como una oportunidad comercial. Es una señal de que la tranquilidad forma parte de la experiencia turística y de que las coberturas deben ser comprensibles, adecuadas y fáciles de utilizar cuando realmente se necesitan.

Una sociedad longeva obligará al turismo a abandonar progresivamente una idea demasiado homogénea del viajero mayor. Entre una persona de 60 años y otra de 85 puede haber más diferencias que similitudes, y la edad cronológica explica cada vez menos por sí sola cómo queremos viajar.

Conclusión

Viajar después de los 60 puede incorporar nuevas prioridades. La asistencia sanitaria, la seguridad, las conexiones o la flexibilidad adquieren importancia, pero no necesariamente porque desaparezcan las ganas de conocer otros lugares.

Quizá ocurre algo más sencillo: la experiencia nos permite saber mejor qué necesitamos para disfrutar del viaje.

La longevidad no debería conducir hacia un turismo definido por la edad, sino hacia una oferta capaz de acompañar vidas más largas y diversas. Viajar con seguridad, disponer de alternativas y poder adaptar las decisiones cuando cambian nuestras circunstancias son también formas de conservar autonomía.

Porque seguir viajando no consiste en demostrar que la edad no importa. Consiste en poder elegir dónde ir, cómo hacerlo y qué necesitamos para disfrutar del camino.